Revisión: las células B hacen más que producir anticuerpos, también dan forma a las respuestas inmunes

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Joshua Moreau lab at OHSU
Joshua Moreau lab at OHSU
Image is of four people with white coats in a lab. Joshua Moreau, Ph.D., Abrar Samiea, Ph.D., George Celis, B.S., y Lauren Rodda, Ph.D., de OHSU, trabajan con células B (conocidas tradicionalmente por la producción de anticuerpos) y examinan la forma en que estas influyen en las respuestas inmunes y la progresión de enfermedades en áreas como inflamación, infecciones y cáncer. (Cortesía de Joshua Moreau)
Joshua Moreau, Ph.D., Abrar Samiea, Ph.D., George Celis, B.S., y Lauren Rodda, Ph.D., de OHSU, trabajan con células B (conocidas tradicionalmente por la producción de anticuerpos) y examinan la forma en que estas influyen en las respuestas inmunes y la progresión de enfermedades en áreas como inflamación, infecciones y cáncer. (Cortesía de Joshua Moreau)

Los científicos revelan nuevas perspectivas de las células B, células inmunes reconocidas por mucho tiempo por su rol en la producción de anticuerpos.

Una revisión de investigadores de la Oregon Health & Science University publicada esta semana en Nature Reviews Immunology, revela que las células B hacen mucho más: trabajan directamente en áreas tales como la inflamación donde se transforman en células de larga duración que permanecen en el cuerpo. Estas células pueden afectar la manera en que las enfermedades avanzan y el modo en que el cuerpo responde a los tratamientos.

“Nos concentramos en la célula y su función y en el microentorno del tejido y del tumor, que por largo tiempo se ha ignorado un poco,” explica Joshua Moreau, Ph.D., profesor asistente de la División de Ciencias Oncológicas, Departamento de Dermatología, Departamento de Desarrollo Celular y Biología del Cáncer y miembro del Cancer Early Detection Advanced Research Center (CEDAR) del Knight Cancer Institute de OHSU.

El laboratorio de Moreau estudia las respuestas de las células B en el microentorno de tumores. Moreau es autor correspondiente de la revisión, junto con Lauren Rodda, Ph.D., profesora asistente de microbiología molecular e inmunología de la School of Medicine de OHSU.

Los investigadores ahora entienden que las células B no solamente operan en órganos linfoides secundarios, como los nódulos linfáticos, sino que además están activos en tejidos no linfoides, incluidos aquellos que están afectados por infecciones, enfermedades inflamatorias y el cáncer. Estas células desempeñan funciones clave en las respuestas inmunes al formar estructuras especializadas conocidas como estructuras linfoides terciarias, las cuales ayudan a coordinar las defensas inmunes locales.

“Sentimos que era momento importante para hacer una pausa y tratar de resumir la literatura en torno a las células B en tejidos no linfoides”, comenta Rodda, cuyo laboratorio estudia las respuestas de la célula B pulmonar a las infecciones respiratorias. “Solo en los últimos de 5 a 10 años se ha observado que las células B pueden trabajar y desempeñar una función importante fuera de la sangre, el bazo y los nódulos linfáticos”.

Avances tecnológicos recientes han permitido que los investigadores entiendan mejor la forma en que las células B trabajan en nuestro cuerpo. Los estudios muestran que las células B son atraídas a las áreas inflamadas del cuerpo. Una vez allí, cambian a formas de células distintas que ayudan a combatir las infecciones. Algunas de estas células B se convierten en células de la memoria, que permanecen en el cuerpo y ayudan a protegernos de que volvamos a enfermarnos en el futuro.

“La creencia de 50 años o más ha sido que las células B funcionan en el bazo, en los nódulos linfáticos y en la sangre”, dice Rodda. “Sin embargo, la sangre también conecta las células a los pulmones, el hígado, los riñones, la piel y el tracto reproductivo femenino. Necesitamos comprender mejor lo que estas células hacen en estos tejidos”.

Las células B desempeñan tanto funciones beneficiosas como dañinas en el cuerpo. Si bien ayudan a luchar contra las infecciones y fortalecen el sistema inmune, ciertos tipos también pueden contribuir a enfermedades autoinmunes al causar inflamación. Algunas células B, llamadas células B reguladoras, liberan sustancias que ayudan a mantener el sistema inmune en equilibrio. Es importante entender la manera en que las células B trabajan de estos modos diferentes para crear tratamientos para enfermedades como el cáncer y los trastornos autoinmunes.

“Eso incluye tumores sólidos donde sabemos que las células B están realmente infiltrándose en estos tumores”, afirma Moreau. “Tienen efectos importantes en los resultados y las respuestas de los pacientes a la inmunoterapia u otros tratamientos”.

Los investigadores trabajan para identificar marcadores definitivos de las células B de la memoria que habitan en el tejido y para mapear vías moleculares que gobiernan esta actividad. El tener un entendimiento más profundo de la formación y función de las estructuras linfoides terciarias podría llevarnos a nuevos tratamientos y a aprovechar las células B para luchar contra las infecciones y los cánceres de un modo más eficaz.

“Esperamos que esta revisión ayude a unir a investigadores de distintas especialidades”, abundó Rodda. “Tal vez alguien que estudie infecciones aprenda algo sobre tumores, y alguien que estudie tumores tal vez aprenda algo sobre la autoinmunidad. Podríamos aprender algo de la biología fundamental de las células B que nos beneficie a todos”.

Estos hallazgos destacan la necesidad de repensar los modelos tradicionales de cómo funcionan las células B. En lugar de verlas principalmente como células que producen anticuerpos, los investigadores ahora las reconocen como versátiles participantes inmunes que ayudan a dar forma a las respuestas inmunes locales en los tejidos. Los estudios futuros podrían abrir brecha para nuevas inmunoterapias que realcen las respuestas de las células B en donde más se necesiten.

Los investigadores posdoctorado Abrar Samiea, Ph.D. y Rashi Yadav, Ph.D., del laboratorio de Moreau contribuyeron a este estudio, así como el estudiante de doctorado George Celis, B.S. del laboratorio de Rodda.

La investigación contó con el apoyo del Instituto Nacional de Ciencias Médicas Generales de los Institutos Nacionales de Salud, mediante la subvención T32GM142619, la Alianza de Investigación del Melanoma, Microbiología Molecular e Inmunología de OHSU. El contenido es responsabilidad única de los autores y no necesariamente representa las opiniones oficiales de los NIH u otros auspiciadores.


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