Por tres décadas, el riñón trasplantado de Susan Posner funcionó de forma constante y eficaz.
El riñón donado por su hermano en un procedimiento de trasplante realizado en Oregon Health & Science University en 1991, funcionó perfectamente durante tres décadas —muy por encima de lo normal para un riñón trasplantado— hasta que comenzó a fallar durante el último año o dos. En julio del año pasado, Posner supo que necesitaría un segundo trasplante de riñón.
Su esposo, Oren Posner, se postuló como posible donante, pero fue rechazado por su grupo sanguíneo.
Afortunadamente para ella, su sobrino se ofreció, como antes lo había hecho su padre.
El 18 de febrero, en un notable acto de devoción familiar multigeneracional, David Hawker, el hijo de 40 años de Ian Hawker, se convirtió en el segundo miembro de su familia que donó con éxito un riñón para su tía Susan en el hospital de OHSU.
Su cirujano se siente gratificado por la fe que la familia ha tenido en OHSU a lo largo de los años.
“El hecho de que alguien vuelva a nosotros después de tantos años es realmente sorprendente”, dijo David Woodland, M.D., profesor adjunto de Cirugía (trasplante de órganos abdominales) en la School of Medicine de OHSU. “Si alguien necesita repetir un trasplante de riñón 34 años más tarde, nos alegramos de tenerle de vuelta”.
Susan, quien vive en Eugene, se está recuperando bien y está preparándose para volver a trabajar como presidenta de la compañía de suministros y transporte de jardinería que tiene con su esposo.
“Cuando pienso en la magnitud de lo ocurrido, me siento inmensamente agradecida”, dijo ella. “Tengo mucha suerte”.
A los 31 años, Susan había emigrado recientemente de Escocia a Canadá, y luego se mudó a Oregón. Ahí fue cuando comenzó a enfermarse.
Susan supo después que tenía una enfermedad conocida como glomerulonefritis, que consiste en la inflamación y cicatrización de pequeñas estructuras que filtran la sangre en el riñón. En noviembre de 1987, resulta que el mismo día que se casó con Oren, el teléfono sonó en su nueva casa de Eugene, su ciudad natal.
“Él recibió una llamada de la médica familiar diciéndole, ‘Oren, tu mujer está muy enferma’”, dijo ella.
Si bien la enfermedad puede tratarse con dieta o medicamentos para calmar el sistema inmunológico, los casos graves pueden terminar en insuficiencia renal. Los médicos le dijeron a Susan que su caso era grave y necesitaría diálisis o un trasplante de riñón dentro de los próximos dos o tres años. “Quedamos totalmente desconcertados,” dijo ella.
Ella estaba preparada para volverse a Escocia y así quitarle el peso de encima a su esposo. Cuando le dijo a su familia, su hermano menor Ian le dijo que se quedara donde estaba. Él vendría a donde estaba ella.
“En ese momento, Susan tenía la impresión de que yo no podía donar porque había perdido el bazo en un accidente en motocicleta”, contó Ian. “Al día siguiente hablé con mi médico de cabecera y le pregunté si podía donar un riñón, y no vio ninguna razón por la que no pudiera. Me pude hacer un chequeo y las pruebas de compatibilidad en Escocia y envié los resultados a OHSU”.
Era compatible.
El 6 de agosto de 1991, el legendario cirujano de trasplante de OHSU, John Barry, M.D., completó con éxito la intervención. Barry continúa formando parte del profesorado de OHSU tras realizar miles de trasplantes desde que llegó en 1969, a lo que era entonces la Facultad de Medicina de la Universidad de Oregón.
En las notas que escribió en su momento, Barry indicó: el riñón de Ian “tomó un buen color rosado” y la intervención salió bien sin complicaciones.
En realidad, salió extraordinariamente bien.
Ian se fue del hospital con una cicatriz considerable, y su hermana con riñón que continuó funcionando de forma óptima durante décadas, eliminando residuos y manteniendo un equilibrio saludable de minerales en su cuerpo.
“Si funciona 20 años, es realmente sorprendente”, dijo el cirujano de trasplante de OHSU Oren Shaked, M.D. “Treinta años es algo fuera de serie”.
El director del programa de donantes vivos de OHSU, Chris Connelly, M.D., agregó, “Yo les digo que, si les funciona por 10 o 15 años, está bastante bien”.
Pero Susan sabía que no le duraría para siempre.
David tenía 7 años cuando vio a su padre partir del aeropuerto de Glasgow, hace 34 años, para ayudar a su tía Susan.
“También recuerdo cuando volvió a casa y me mostró la cicatriz. Era enorme”, dijo David, que ahora vive con su esposa y dos hijos pequeños en Woodburn, Oregón. “Nos dijeron que llegaría el momento en que necesitaría otro riñón”.
Y ese momento llegó el año pasado.
En julio, cuando no cabían dudas de que necesitaría un nuevo riñón, Susan tenía cinco sobrinas y sobrinos en Escocia que rápidamente se ofrecieron para donar los suyos. Para ese entonces, su hermano junto con su hijo se habían mudado años antes a Oregón y trabajaban para la compañía de Susan y Oren, Lane Forest Products.
Ian, un hombre fuerte de 65 años que jugaba al fútbol profesional en Escocia, ha comprendido el valor de la donación en vida no solo por su hermana, sino más en general sabiendo que el riesgo es bajo y la recompensa es profunda. Él está orgulloso de su hijo.
“Le estás dando a la persona una nueva oportunidad”, dijo. “David estuvo a la altura de las circunstancias”.
Por su parte, David no lo pensó dos veces.
“Cuando mi padre me preguntó, no lo dudé. Dije, ‘Por supuesto’”, dijo.
El día de la intervención el mes pasado, David bromeaba con el equipo quirúrgico de OHSU y con su padre que sería un placer tener una incisión al menos igual de grande que la que recordaba de su padre. “Soy un poco competitivo”, dijo.
Irónicamente, se benefició de la forma más avanzada de tecnología quirúrgica robótica.
El 18 de febrero, Shaked dirigió un equipo quirúrgico que accedió al riñón de David mediante una laparoscopía asistida por robot, un procedimiento de vanguardia que OHSU comenzó a ofrecer hace un año. Aunque la cirugía en la que participan tanto el donante como el receptor requiere un equipo numeroso e intrincadamente coreografiado, la incisión en el abdomen bajo de David es sorprendentemente pequeña.
“Cuatro o cinco pulgadas con suerte”, bromeó David.
Tal y como resultó, en dos generaciones y tres décadas, las familias Posner y Hawker experimentaron en primera persona la evolución de la cirugía mínimamente invasiva.
“No hay que cortar casi nada”, dijo Shaked. “Solo hay que separar estructuras. Sin duda es mucho menos traumático para la persona operada, y la recuperación puede ser mucho más rápida”.
Dos días después, David estaba de regreso en casa recuperándose con su familia en Woodburn.
Susan, 68, pasó algunas semanas recuperándose en un departamento cerca de OHSU, con la atención de apoyo de su esposo. Ahora, ya está de regreso en Eugene, donde reanudará la gestión de su negocio y ocasionalmente hará una consulta de seguimiento con OHSU en Portland.
Está sumamente agradecida por el apoyo de sus amigos en Eugene, así como por la efusión de emociones, pensamientos y oraciones de la gente de su compañía.
Y está especialmente agradecida por su familia.
“Para mí, fue muy muy sencillo”, dijo Ian. “Es mi hermana, y yo puedo vivir perfectamente sin un riñón. Por eso Dios nos da dos, para que podamos donar uno”.
“Todo fue muy emotivo, con mucho apoyo diario y animada por David, que nunca vaciló en la decisión de donar su riñón. Es realmente un regalo de vida, ¡una vida grandiosa!”
“Mi agradecimiento al equipo de trasplante que me brindó todo su apoyo durante la recuperación, que fue sin excepción extraordinario. Al contar esta increíble historia familiar, mi esperanza es darle ánimo a quien enfrente la decisión de convertirse en donante de riñón. Es algo increíblemente maravilloso darle a alguien una nueva oportunidad de vida, y al saber que con esta nueva tecnología en OHSU, el tiempo de recuperación es mucho menor y la cicatriz es mínima, usted puede convertirse en un verdadero héroe”.
-Susan Posner