El Dr. Alex Ortega Loayza, M.C.R., director interino y profesor asociado de dermatología en Oregon Health & Science University, ha hecho importantes avances en el estudio de enfermedades dermatológicas poco frecuentes, entre ellos un trabajo pionero sobre el pioderma gangrenoso —un trastorno crónico de la piel poco frecuente y a menudo mal diagnosticado que provoca úlceras profundas y dolorosas— que lo ha convertido en un líder mundial en esta enfermedad debilitante.
Originario de Perú, su incursión en el mundo de la dermatología y la inmunología estuvo marcada por sus experiencias personales, la tutoría que recibió y su afán por abordar los desafíos a los que se enfrentan los pacientes que sufren enfermedades de la piel poco frecuentes.
La pasión de Ortega por la dermatología surgió durante sus años en la facultad de medicina en Perú, donde estudió el pénfigo foliáceo endémico —la única enfermedad autoinmune conocida que además es endémica—, caracterizado por ampollas dolorosas, especialmente frecuente en personas que viven en la selva.
“Vi personas marginadas y aisladas porque pensaban que eran contagiosas”, afirmó.
Esta enfermedad, que hace que los pacientes se sientan como si estuvieran “en llamas” debido a la sensación de ardor que provocan las lesiones cutáneas, inspiró su afán por comprender la enfermedad y encontrar formas de mejorar la vida de los afectados.
Uno de sus mentores en Perú y director emérito de Dermatología en University of North Carolina Dermatology, el Dr. Luis Díaz, una figura prominente en el estudio del pénfigo endémico, lo introdujo en la investigación de vanguardia de enfermedades de la piel poco frecuentes.
“Díaz me dio la oportunidad de expandir mi investigación y de verdad pensar en cómo estas enfermedades poco frecuentes afectan a las personas”, dijo Ortega.
El camino de Ortega lo llevó a Virginia Commonwealth University, donde hizo una residencia combinada en medicina interna y dermatología. Durante su tiempo aquí, con la tutoría de otra dermatóloga, la Dra. Julia Nunley, comenzó a profundizar en las complejidades de las enfermedades que afectan el sistema inmunitario y la piel. Una enfermedad que le llamó la atención fue el pioderma gangrenoso, o PG. No existe una cura, ni siquiera un tratamiento farmacológico aprobado, para el PG.
“Empecé a atender a estos pacientes con grandes úlceras en la piel y quería comprender por qué sucedía esto”, comentó Ortega. “Me pregunté: ‘¿por qué no tenemos mejores respuestas?’”.
Tras colaborar con científicos de base especializados en biología de neutrófilos —el estudio de un tipo de glóbulos blancos— e inmunología, fue coautor de un artículo de revisión fundamental en 2015 que se convertiría en fundacional en la investigación del PG.
“Ese fue mi primer artículo como profesor”, comentó. “Lo han citado más de 300 veces, y me ayudó a comprender el desarrollo del PG”.
Además del desafío intelectual, el PG ofrecía una intersección única de inmunología, cuidado de heridas y dermatología — campos que a menudo se estudian por separado— a pesar de su estrecha conexión en enfermedades como el PG.
“La manera en que el sistema inmunitario puede provocar úlceras de ese tipo me resultó sorprendente”, afirmó. “Era la intersección perfecta de estos tres campos. Y me llevó a profundizar en los mecanismos detrás del PG”, explicó.
Ortega vino a OHSU en 2016 tras reunirse con la Dra. Nicole Fett, una dermatóloga de OHSU especializada en trastornos autoinmunes. Él quería un lugar en el que pudiera desarrollar su investigación sobre PG y otras enfermedades de la piel poco frecuentes y continuar su trabajo clínico. En OHSU reunió a un equipo de científicos de base, bioestadísticos y profesionales clínicos para formar el equipo de estudio del pioderma gangrenoso, o PYGAS.
Uno de los mayores desafíos a los que Ortega y sus colegas se enfrentan al tratar el PG es la falta de pruebas de diagnóstico definitivas. Mientras que otras enfermedades poco frecuentes —como el pénfigo vulgar— pueden identificarse mediante pruebas inmunológicas y biopsias cutáneas, el PG carece de marcadores específicos.
“Para el PG, la biopsia cutánea no es específica”, dijo Ortega. “No existe ninguna prueba objetiva que pueda decirnos definitivamente si un paciente tiene PG. Esto ha supuesto un obstáculo importante tanto para el diagnóstico como para la investigación de la enfermedad”.
Para abordar este problema, el equipo de Ortega ha empezado a experimentar con ultrasonidos de alta frecuencia y otras formas de imagenología.
“Hemos empezado a utilizar ultrasonido de alta frecuencia para visualizar el PG cuando está activo y diferenciarlo de otras enfermedades como el cáncer de piel”, explicó. “Se trata de un método de análisis no invasivo en un centro de atención que puede ayudar a los profesionales clínicos a diagnosticar el PG con mayor precisión en el futuro”.
Ortega no solo se centra en comprender el PG, sino también en desarrollar tratamientos eficaces. A pesar de su impacto devastador, actualmente no hay medicamentos aprobados por la FDA para el PG.
“Me siento afortunado de formar parte de dos comités directivos de ensayos clínicos que nos conducen hacia medicamentos aprobados por la FDA en los próximos años”, afirmó, y añadió que participa en dos ensayos clínicos innovadores de fase 3: uno prueba un inhibidor del complemento 5a y el otro un inhibidor de la interleucina 36, ambos apuntan a la respuesta del sistema inmunitario al PG.
Su dedicación a la mejora de los tratamientos lo llevó a convertirse en investigador financiado por los NIH y cofundador del Pyoderma Gangrenosum Group para la CHORD COUSIN Collaboration, una organización mundial de investigación centrada en el avance de las mediciones de los resultados de las enfermedades cutáneas. Ha sido patrocinado por la Medical Dermatology Society y la American Academy of Dermatology a fin de desarrollar directrices de consenso para tratar a pacientes con PG.
“Hace cinco años, no había formas estandarizadas de medir el éxito en el tratamiento del PG”, afirmó. “Ahora, con este grupo internacional, estamos desarrollando medidas de resultados claras que pueden guiar la inversión de la industria en tratamientos del PG”.
Para Ortega, ser médico no solo implica tratar los síntomas físicos de una enfermedad, sino también ofrecer apoyo emocional y psicológico a sus pacientes. Tiene pacientes que viajan desde lugares tan lejanos como Alaska y Georgia para recibir diagnóstico y tratamiento. Los pacientes que acuden a su clínica a menudo han sido diagnosticados erróneamente varias veces y han acabado en urgencias.
“Veo a estos pacientes que han sufrido, a veces por años, y sé que a menudo soy la última parada para ellos”, afirmó. “No se trata solo de la curación física; se trata también de darles la esperanza de que pueden curarse y de que no están solos en su viaje”.
Adopta un abordaje holístico de la atención al paciente, el cuidado de las heridas y el tratamiento del dolor, ocupándose a menudo de la salud mental, la nutrición y el bienestar junto con el tratamiento médico.
“Cuando trato a mis pacientes, intento comprender a la persona en su totalidad”, dijo. “La curación física es importante, pero también lo es ayudarlos a encontrar la paz y la esperanza en su viaje”.
Ortega se centra en hacer progresar su investigación y seguir mejorando la vida de sus pacientes. Con su participación en colaboraciones internacionales, ensayos clínicos e investigaciones vanguardistas, está haciendo aportes duraderos a los campos de la dermatología, el tratamiento de heridas y la inmunología. Él espera que enfermedades como el PG no se diagnostiquen tan erróneamente en el futuro y que pronto haya opciones de tratamiento eficaces.
“He tenido la suerte de contar con mentores, colaboradores, miembros del equipo y mi propia familia que me han apoyado en este recorrido”, afirma. “Hemos podido hacer verdaderos progresos para los pacientes que sufren enfermedades poco frecuentes, y seguiremos presionando para conseguir mejores tratamientos, mejores diagnósticos y mejores cuidados”.