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Estudio de OHSU encuentra que la exposición a los contaminantes del aire altera el desarrollo del cerebro adolescente

Investigadores advierten que estos cambios estructurales pudieran afectar la salud y el bienestar de los niños; las políticas relativas al ambiente y salud pública serán esenciales para proteger la salud cerebral, afirman
Por primera vez, investigadores de OHSU evaluaron el impacto a largo plazo de los contaminantes del aire en la salud y desarrollo del cerebro adolescente.  (Getty Images)
Por primera vez, investigadores de OHSU evaluaron el impacto a largo plazo de los contaminantes del aire en la salud y desarrollo del cerebro adolescente. (Getty Images)

Medicos y científicos de Oregon Health & Science University advirtieron que la exposición a los contaminantes del aire pudiera tener serias implicaciones para el cerebro en desarrollo de un niño/a.

En un estudio reciente publicado en la revista Environmental Research, investigadores del Developmental Brain Imaging Lab (laboratorio de imagenología del desarrollo cerebral) de OHSU encontró que la contaminación del aire está relacionada con cambio estructurales en el cerebro adolescente, específicamente en las regiones frontales y temporales, áreas responsables de la función ejecutiva, lenguaje, regulación del estado de ánimo y procesamiento socioemocional.

La contaminación del aire causa que circulen en el ambiente contaminantes dañinos, como materia particulada, dióxido de nitrógeno y ozono. Esto se ha exacerbado en el curso de los últimos dos siglos debido a la industrialización, emisiones vehiculares y, más recientemente, los incendios forestales.

Mientras que las investigaciones han establecido que la contaminación contribuye a varios problemas de salud física, como trastornos respiratorios, enfermedades cardiovasculares y disfunciones metabólicas, los efectos en la salud neurocognitiva no se comprenden tan bien.

Investigadores de OHSU aprovecharon el ABCD Study —el estudio longitudinal más grande del desarrollo del cerebro adolescente en Estados Unidos— para entender mejor la forma en que la exposición a contaminantes del aire específicos pudieran afectar a los adolescentes que están pasando por periodos importantes del desarrollo cerebral y que pudieran verse especialmente vulnerables a las exposiciones.

Este fue uno de los primeros estudios en examinar el impacto de la contaminación del aire en los cambios estructurales del cerebro adolescente en el correr del tiempo.

Calvin Jara, médico, tiene el pelo corto y castaño, viste traje y corbata, y aparece sonriendo en una foto tomada en un estudio fotográfico.
Calvin Jara, M.D. (OHSU)

"Lo que estamos descubriendo es que la exposición crónica a contaminantes del aire comunes y de bajo nivel pueden actuar como una presión lenta y sutil en el cerebro en desarrollo", explica el Dr. Calvin Jara, residente de otolaringología/cabeza y cirugías de cuello en la School of Medicine de OHSU y autor líder del estudio. "Pudieran no causar síntomas de inmediato, pero con el tiempo parece que son capaces de desviar el curso típico del desarrollo cerebral, con posibles consecuencias en las trayectorias y resultados en el curso de la vida".

En un análisis de casi 11,000 niños en el ABCD Study, los investigadores encontraron que la exposición de la línea base a contaminantes del aire específicos en la fase temprana de la adolescencia, o en el inicio de la pubertad, generalmente entre 9 y 10 años de edad, se relacionó tanto con cambios persistentes y de desarrollo en el grosor cortical, una medida de maduración estructural de la capa exterior del cerebro. El adelgazamiento cortical atípico, especialmente cuando es acelerado, puede ser indicación de una disrupción neurológica subyacente que resulta en un deterioro cognitivo relacionado.

Si bien el problema pudiera ser más grave en áreas urbanas, los investigadores observaron que están viendo estos cambios incluso en niños/as expuestos a contaminación de niveles por debajo de lo que la Agencia de Protección Ambiental (sigla en inglés, EPA) marca como 'seguros' ".

“Estos datos muestran que no se trata solo de un solo niño/a", abunda Jara. “Se trata de lo que les ocurre a millones de niños/as alrededor del mundo que se ven expuestos a niveles bajos de contaminación en el aire por años".

Los investigadores advierten que estos cambios estructurales en el cerebro pudieran tener efectos en la salud general, bienestar y la trayectoria de vida de los niños/as. Las alteraciones en el desarrollo de estas áreas fundamentales del cerebro, pudieran deteriorar la atención, memoria y regulación emocional, lo que posiblemente pudiera llevar a dificultades académicas y preocupaciones conductuales. Las investigaciones futuras debiesen continuar examinando estas consecuencias más amplias a largo plazo, dicen los investigadores.

Los investigadores observan que para combatir la contaminación generalizada se requieren esfuerzos colaborativos fuera de los espacios clínicos. Mientras que los profesionales clínicos/as no pueden directamente cambiar la calidad del aire, pueden educar y abogar por un cambio a nivel de sistema. En los esfuerzos que buscan reducir la contaminación del aire, se incluyen los que se concentran en la infraestructura y transportación más limpias; y, para promover el desarrollo saludable del cerebro, serán esenciales el acceso mejorado a espacios verdes, así como estándares más estrictos para la calidad del aire, asevera Jara.

Además, los profesionales clínicos/as deben continuamente considerar el creciente papel que desempeñan los factores de salud ambiental en el tratamiento y salud de sus pacientes.

Bonnie Nagel, Ph.D., tiene el pelo rubio de longitud media, lleva un traje blanco y una blusa gris, y aparece sonriendo en una zona ajardinada.
Bonnie Nagel, Ph.D. (OHSU)

“Los factores ambientales tienen un tremendo impacto en la manera en cuán saludables serán los niños/as en el curso de su vida", señala Bonnie Nagel, Ph.D., directora general interina de investigaciones de OHSU, vicepresidenta ejecutiva y coautora del estudio. “Este estudio le añade al creciente conjunto de evidencias de que la contaminación no es solo un problema ambiental; es un problema de salud significativo y creciente, especialmente para los más jóvenes y vulnerables".

La investigación de la que informa esta publicación estuvo respaldada por la financiación filantrópica del Center for Mental Health Innovation (CMHI, centro para la innovación en la salud mental) de la Oregon Health & Science University (OHSU); del Advanced Imaging Research Center (centro de investigación de imagenología avanzada) y la Oregon Opportunity Partnership for Advancing Biomedical Research (oportunidad de asociación para el avance de la investigación biomédica de Oregón) de OHSU; la Office of the Director (oficina del director) de los National Institutes of Health, bajo subvención número S10OD021701, los cuales financiaron el instrumento 3T Siemens Prisma MRI; y subvención número S10OD016356, la cual financió un cabezal de bobina de radiofrecuencia de 32 canales, ambos bajo el Advanced Imaging Research Center de OHSU, así como por el National Institute on Drug Abuse (instituto nacional sobre el abuso de drogas) de los National Institutes of Health, subvención número U01DA041148.

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